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La Tesis de la exposición Pequeños editores, grandes libros



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Estrategias de resistencia en un marco de cambios estructurales

En el Estado español, en el año 2008, se publicaron casi 95.000 títulos. Un gran grupo como Planeta publicó 1.800, y la mayoría de las editoriales presentes en esta exposición, menos de 12. Hoy en día, las pequeñas editoriales son más reducidas que nunca, sin embargo, todos coinciden en afirmar que son las que tienen una mayor capacidad para adaptarse a los nuevos retos. El panorama de las pequeñas editoriales es rico, diverso y con una gran capacidad de resistencia. Veamos algunos puntos clave.

Conseguir visibilidad
El gran problema estructural que afecta a las pequeñas editoriales es la complejidad de la distribución y la falta de presencia, tanto en las librerías como en los medios de comunicación. Este año, durante la Feria del Libro, un grupo de pequeños editores protagonizó una divertida acción de tipo activista para reclamar a los medios más atención de la que se les dedica: mientras Ildefonso Falcones firmaba ejemplares del que ha sido el best seller español del año, ellos otorgaron el título de Worstseller a un libro de Artemisa Ediciones cuyas ventas solamente habían ascendido a 100 ejemplares. Reconocidos escritores y lectores lo destacaron por su calidad literaria, y se terminó hablando del libro en todas partes.

La gran oportunidad que se nos ofrece hoy en día gracias a las TIC es la facilidad para conseguir establecer sinergias y trabajar en red. El Proyecto Contexto une a Libros del Asteoide, Barataria, Global Rhythm, Impedimenta, Nórdica, Periférica y Sexto Piso en una iniciativa pionera, premiada en el año 2008 con el Nacional a la Labor Editorial. Desde los diversos puntos del Estado español que los originen, el Proyecto Contexto promueve conjuntamente los catálogos de sus miembros a través de una revista, con lo cual ganan presencia y mejoran la distribución, al mismo tiempo que mantienen la preciada independencia que les caracteriza.

Una de las tesis más cotizadas del capitalismo parte de la metáfora del Océano Azul: saber encontrar un nicho de mercado donde no haya competencia y así se pueda triunfar. Aunque, probablemente, la especialización de las pequeñas editoriales está mucho más vinculada a un motivo pasional que económico, es un rasgo característico de las que consiguen una trayectoria sólida. Para citar un ejemplo de ello, el gran orgullo de la pequeña edición especializada es Lynx Edicions, reconocida por haber construido, poco a poco y con buena letra, la enciclopedia ornitológica más completa y con más prestigio del mundo.

Es evidente que conseguir visibilidad en las librerías resulta fundamental, pero el verdadero debate ahora mismo lo protagoniza Internet. Las redes sociales y las plataformas 2.0 constituyen una herramienta de difusión indiscutible. Durante el pasado mes de septiembre, surgió en Barcelona la editorial Blackie Books, que —en una acción sin precedentes— apareció en el Facebook mucho antes de tener sus primeros libros impresos, con lo cual ha conseguido que centenares de admiradores fuéramos partícipes del nacimiento de dicho proyecto y esperásemos ansiosos la llegada de sus libros a las tiendas.

Visión de futuro
Internet está afectando tanto a las formas de difusión como a los propios formatos. Ahora mismo, pequeñas editoriales venden sus libros en formato PDF desde su propia página web, como Editorial Morsa. Otras, por ejemplo Blur Ediciones, muestran sus obras enteras en plataformas de difusión 2.0 como Issu.com. Incluso encontramos casos, como el de Libro de Notas, que, desde su plataforma web, distribuyen sus obras y las de otras editoriales afines solamente en formato digital, pero ofreciendo al lector la posibilidad de imprimir-las a demanda.

La impresión a demanda (print on demand) es uno de los puntales para la supervivencia del libro bajo unos criterios de sostenibilidad. Velar para que ediciones cuidadas salgan a precios asequibles no resulta fácil. En cambio, imprimir sólo los libros a medida que se van vendiendo, tiene muchas ventajas.

Para ser competitivos, algunos, afortunadamente muy pocos, imprimen en China ignorando a todos los protocolos ecológicos que contempla Europa. Por suerte, encontramos pequeñas iniciativas que nos hacen pensar que otro mundo es posible, como es el caso de Ediciones Trashumantes, que imprime sus libros no solamente con papeles reciclados, sino también reutilizando máculas o resmas de papel inservibles desde el punto de vista industrial, pero, evidentemente, no creativo.

Si hay una característica formal que une a la mayoría de los pequeños editores es precisamente la pasión por hacer libros con mimo, casi artesanales, con ediciones cuidadas hasta el último detalle, desde la selección de los autores hasta la encuadernación, pasando por las traducciones y la ortotipografía. Media Vaca o Mudito & Co son ya unos clásicos en este aspecto. Atalanta edita libros «muy antiguos como una manera de acercarse a la ultramodernidad». Aunque posiblemente es algo romántico, el libro confeccionado de manera artesanal tiene hoy en día mucho más valor por el contraste que representa frente a la inmaterialidad digital.

Más allá de los libros
A menudo, la propia pasión por publicar facilita que los pequeños editores organicen acontecimientos relacionados con su experiencia, con lo cual fomentan una cultura entorno a la creación. Café Central, por ejemplo, celebra este año su vigésimo aniversario editando y organizando lecturas y conferencias acerca de la poesía. Y una de las más recientes que se ha incorporado a ello es El Cangrejo Pistolero, editorial sevillana que, cuando presenta sus libros en los circuitos de arte, fomenta la creación de actividades plásticas y de representaciones mediante performances, más allá de las acciones estrictamente literarias. Que los editores sepan difundir su actividad de una manera que fidelice a lectores es precisamente uno de los retos más importantes para conseguir la permanencia en el mercado. Hoy en día, a juzgar por la cantidad de blogs sobre literatura y pensamiento que hay, Internet lo pone bien fácil.

Internet y la distribución de los libros en formato digital están abriendo grandes debates, como los que tratan sobre las nuevas licencias de derechos de autor, tradicionalmente ligadas a una normativa estricta. Hoy en día, vista la experiencia de la música, algunos editores están apostando por difundir sus contenidos bajo licencias Creative Commons. En un sector en el cual el autor es muy dependiente de los ingresos que le generan los libros vendidos, el debate justamente acaba de empezar. Es posible que una tendencia, que no gusta a todo el mundo, sea buscar esponsorización privada que permita pagar directamente a los autores y dar un empuje a productos con licencias que no pasen por un canon, como en el caso de Planta 29, que publica ensayo político y económico contemporáneo cuya versión digital es de dominio público gracias a los recursos de un gran banco.

Parece evidente que, si hay un futuro para el libro, éste pasará por integrar Internet al mundo editorial, ya sea en la tarea de difusión, en la búsqueda de nuevos contenidos, en la creación de redes o en la distribución. Pero, además, Internet ofrece al mundo del libro una serie de oportunidades creativas que van mucho más allá del formato electrónico y que se encuentran en una fase de exploración muy primaria. Un ejemplo de proyecto editorial innovador es DPR, que, con el libro de arquitectura Piel —que únicamente existe en Internet—, vincula los contenidos que se muestran con Google Maps, con lo cual ofrece al lector una experiencia «enriquecida». O el todavía no nacido libro Arquitecture in your hand, una aplicación para móvil que utiliza tecnologías de realidad aumentada.

Todas estas iniciativas y experimentos que marcarán el mañana del mundo editorial han convertido al sector en un campo de pruebas, en el cual las grandes corporaciones lo tienen mucho más complicado para entrar. Es, por tanto, un territorio casi exclusivo de dichas pequeñas empresas con un gran poder de maniobra, poco por perder y un gran entusiasmo. El futuro del mundo editorial es, al mismo tiempo, una tierra de riesgos y oportunidades. Y, por lo que parece, no son pocos los pequeños editores con ganas de colonizarla.





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