Con 19.324 habitantes por km2, la ciudad mejicana de Nezahualcóyotl tiene uno de los índices de densidad más altos del mundo. Así, en un espacio de sólo 110 hectáreas se ubicaban, hasta principios del año 2005, un centro deportivo totalmente obsoleto y el vertedero Neza I, con diez millones de toneladas de basura concentradas en doce millones de m3. La contaminación del agua, el aire y el suelo provocada por la gran concentración de residuos representaba una grave amenaza para la salud de los ciudadanos.
Para resolver esta situación, y fruto de las sinergias entre lo público y lo privado, nace Ciudad Jardín Bicentenario, una iniciativa impulsada, en marzo del 2005, de forma conjunta por el Estado mexicano y la Administración de Nezahualcóyotl y desarrollada por un equipo de profesionales multidisciplinares de la empresa GUCACHE, SA. El objetivo del proyecto, en sintonía con el proceso de renovación de los valores de la izquierda mexicana, fue la recuperación integral del área afectada, que pasó de un «pasivo» ambiental a un «activo» urbano, social, ecológico y económico. Tras un complejo proceso de soterramiento e impermeabilización del vertedero y la posterior aplicación de un sistema de tratamiento y reutilización de aguas fluviales, se ha conseguido la total transformación del área. En este momento, la zona acoge dos universidades con más de 3.000 alumnos; un hospital infantil donde, mensualmente, reciben consulta 2.300 pacientes; una nueva área de instalaciones deportivas al servicio de 1.200 usuarios semanales y varias zonas verdes. En total, la iniciativa ha supuesto un beneficio para más de 2 millones de habitantes de Nezahualcóyotl y de toda su zona
de influencia.
Además de convertir Nezahualcóyotl en la primera ciudad de México en lo relativo a la separación de basura y la reutilización de residuos orgánicos, el proyecto ha servido también para generar trabajo y dinamizar la economía del municipio. Se han creado 2.600 puestos de trabajo en el sector de la construcción y se han reubicado 600 personas, que anteriormente trabajaban recogiendo basura, en una nueva planta de industrialización de basura con una estructura de cooperativa público-privada de la que los propios trabajadores tienen parte de la participación.